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Leilão do petróleo: muitos motivos para questionar

http://www.fase.org.br/v2/pagina.php?id=3856

Lívia Duarte, jornalista da FASE – Solidariedade e Educação

Diante da 11ª rodada dos leilões do petróleo, a sociedade tem elementos para questionar se há mais valor no que vai vivo sobre a terra ou na matéria orgânica morta há milhares de anos, depositada no subsolo. O tema foi parte do debate realizado nos dias 9 e 10 de maio em encontro sobre a exploração do petróleo no Brasil, que reuniu membros da sociedade civil – ONGs, sindicatos de petroleiros e suas duas federações, além de atingidos pelas atividades da indústria em diversas regiões do Brasil. Os relatos repetem cenários de expropriação da terra e da água e de territórios marítimos, já que os pescadores têm sido impedidos de trabalhar pelo aumento de plataformas e consequente área de exclusão, além dos impactos da poluição, seja por vazamentos ou dragagens. Já os petroleiros questionam a inequalidade de direitos entre trabalhadores da Petrobras, de empresas privadas e terceirizados, além do crescimento exponencial aos riscos de acidentes. A sobreposição – de empresas, cadeias logísticas e impactos – é outra constante.

Apesar das distintas visões sobre a questão – que vão do nacionalismo da campanha O Petróleo Tem que ser Nosso! ao clamor por Nenhum poço a mais! – o debate entre estes setores da sociedade civil aponta para algum nível de compreensão comum. É preciso mudar o modo e a velocidade da indústria petrolífera estrangeira – e brasileira -, considerando o estratégico debate sobre fontes de energia no contexto dos motivos para o aumento da produção, a diversidade de tipos de fontes possíveis e quem são os reais beneficiados pelos investimentos feitos nesta área. Os grupos também concluíram que é preciso criar territórios livres da atividade petroleira, como afirma a carta Contra o 11º leilão e seus impactos socioambientais nos territórios.

[“Todos somos afetados onde não há correlação entre o crescimento econômico e o bem da maioria”, leia entrevista com Sergio Calundungo,  da Ajuda da Igreja Norueguesa, sobre o petróleo no país dele, que participou do encontro no Rio]

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La geografía del desarrollo desigual

Neil Smith

neil

 …El marxismo no es el puntero de un maestro

elevándose por encima de la historia, sino un

análisis social de los caminos y medios del proceso

histórico que está llevándose a cabo

Leon Trotsky

El concepto de desarrollo desigual es un enigma en la teoría marxista. Fue enérgicamente desarrollado por Trotsky en relación a la revolución permanente pero también tomado por Stalin para propósitos opuestos. Rápidamente codificado como “ley” en la década de 1920, se transformó en arcano, sólo para ser desempolvado cautelosamente varias décadas después. Una réplica útil para poner fin a la polémica, “la ley del desarrollo desigual (y combinado)” fue sometida a un análisis con una llamativa falta de seriedad. Mientras que es importante conocer esta historia, es incluso más importante desarrollar la teoría del desarrollo desigual en un modo que nos ayude a entender el mundo actual. En la medida en que es apenas una exageración decir que el “desarrollo desigual” llegó a significar todo para todos los marxistas, la tarea más urgente hoy parece ser el desarrollo de las bases analíticas para el concepto. De acuerdo con esto, como una contribución a este esfuerzo colectivo, quiero intentar aquí hacer varias cosas: primero, discutir brevemente cómo y por qué el concepto de desarrollo desigual se transformó en arcano; segundo, ampliar el concepto desde sus orígenes específicamente políticos; y tercero considerar en qué consistiría una teoría del desarrollo desigual en los albores de una globalización del capital que supuestamente desafía la coherencia de las economías nacionales.

 

El bueno, el malo y el arcano

La discusión de Trotsky sobre el Desarrollo desigual y combinado se desprendió de su teoría de la Revolución Permanente. La última teoría, desarrollada al calor de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, insistía en que ninguna teoría etapista de la historia determinaba la transición al socialismo, y que, a pesar de las expectativas de muchos marxistas, una revolución antizarista en Rusia, donde el proletariado estaba subdesarrollado pero la burguesía lo estaba aún más (y ciertamente demasiado débil políticamente como para gobernar), no estaba condenada a pasar por una etapa capitalista predeterminada. En cambio, la alianza estratégica de obreros y campesinos –quienes dominaban numéricamente, cuyas quejas eran poderosas y estaban a punto de estallar, pero cuya fragmentación crónica, argüía Trotsky, los imposibilitaba para liderar la revolución- podría llegar a la victoria. Contrariamente a la mayoría de las expectativas, la revolución no necesariamente estallaría primero entre las más desarrolladas clases obreras de Europa Occidental y Norteamérica, sino tal vez, como Lenin diría más tarde, golpearía primero en el eslabón más débil. El desarrollo del socialismo era desigual, insistía Trotsky, con respecto a determinado evolucionismo histórico que perneaba mucho a la teoría marxista en esos días (La acusación de Stalin era precisamente que Trotsky estaba tratando de “saltar etapas necesarias de la historia”).

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Modos de producir alimentos*

Por Norma Giarracca **

Nada mejor que rememorar el 17 de abril, Día Internacional de la Lucha Campesina que recordando que este sector social no sólo “lucha” por sus territorios sino que pone a disposición de la sociedad un modo de producir alimentos que no contamina, preserva la tierra y, como dijo Vía Campesina en la Cumbre de Copenhague de 2009, “enfría el planeta frente al recalentamiento global”.

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Reforma Agrária: a Modernização Conservadora no Brasil e seus impactos sobre os Povos e Comunidades Tradicionais

* Por Daiane Nazário (Estudante de graduação em Geografia pela UFPR, integrante do Coletivo ENCONTTRA)

A discussão acerca da Reforma Agrária teve sua gênese no Brasil a partir da metade do século XX, e sua origem deu-se em quatro diferentes vertentes. Das várias maneiras que cada tendência concebe a Reforma Agrária, percebemos que em comum elas propõem a sua realização no Brasil em função de promover a justiça social e o aumento da produtividade¹. O crescimento da produção agrícola recebe a partir de 1965 até 1982 uma contribuição, a Modernização Conservadora.

As políticas citadas, juntamente com seus mecanismos de atuação no setor agrícola brasileiro assumem uma conduta de exclusão das Comunidades e Povos Tradicionais. Percebe-se assim, a necessidade de discussões associadas à elaboração de políticas que viabilizem a preservação da tradição desses povos para que possam permanecer nas suas formas de vivência.

Nascimento das políticas da Reforma Agrária no Brasil

Os discursos a respeito da criação de políticas que realizassem no país uma reforma no cenário agrícola iniciaram em meados da década de 1960, concomitantemente a mobilizações de camponeses que desejavam terras em 1950.

As correntes que desenvolveram o pensamento reformista foram: o Partido Comunista do Brasil (PCB); setores reformistas da Igreja Católica; a Comissão Econômica para a América Latina (CEPAL); e um grupo de estudiosos conservadores da USP dirigidos pelo professor Antonio Delfim Neto, segundo aponta Guilherme Delgado2.

No Partido Comunista Brasileiro destaca-se o discurso de Caio Prado, que faz uma crítica às relações sociais fundiárias brasileiras que proporcionam a grande parte da população rural do Brasil condições de vida e trabalho subumanas, dessa forma, ele enxerga o assalariamento crescente da força de trabalho rural, e defende uma legislação social-trabalhista, tendo a reforma agrária um papel secundário.

O papel da Igreja Católica na Reforma Agrária fez surgir o princípio de “função social da terra” que futuramente foi anexado ao Estatuto da Terra, promulgado em novembro de 1964. É graças a isso que a Igreja Católica começa a tratar de temas como injustiça e exclusão social.

Em 1967 com ascensão do professor Antônio Delfim Neto ao cargo de Ministro da Fazenda, suas ideias de modernização conservadora começam a ganhar terreno no país.

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Resistencia en los Andes a la minería

Raúl Zibechi

http://www.cipamericas.org/es/archives/9143

Posted on: 11/03/2013 by 

Una de cada cinco hectáreas del Perú ha sido entregada a las multinacionales de la minería, así como la mitad de las tierras de las comunidades campesinas e indígenas de la sierra andina. La gente común y la naturaleza son las más afectadas por la voracidad de grandes empresas que acumulan oro, plata y cobre en el altar de la especulación. La forma como la población se viene movilizando muestra cambios de fondo en la acción social.

“Fuimos aplastados por 20 años de guerra interna”, dice Hugo Blanco, veterano dirigente campesino quechua que protagonizó la lucha por la recuperación de tierras en la década de 1960 en Cusco. Ahora se muestra optimista: “El conflicto de Conga primero y ahora el de Kañaris nos muestran que la lucha social avanza, aunque por otros caminos, a través de grupos locales que son más representativos de las luchas reales que las viejas centrales que están por los suelos”[1].

Perú es un país minero. Desde la Colonia la explotación de las minas reconfiguró el mapa social y político de los pueblos originarios que habitaban la región andina. En las últimas décadas la minería se reflejó incluso en las artes y en la literatura, su huella fue particularmente intensa entre los campesinos, como lo muestran las novelas de Manuel Scorza, uno de los más destacados escritores peruanos[2]. Pese a ello la lucha contra la minería no ocupó un lugar destacado en el imaginario peruano.

Sin embargo en los últimos años se registra un viraje importante. El 2012 fue el año de mayor conflictividad social. Como señala el Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú, la intensidad de los conflictos se refleja en la polarización que producen y en su capacidad para modificar la agenda. Los conflictos por la minería forzaron dos cambios de gabinete del gobierno de Ollanta Humala: en diciembre de 2011 (apenas seis meses después de asumir el gobierno) y en julio de 2012, cuando cumplía su primer año en el sillón de Pizarro.

“Hace diez años era impensable que un conflicto minero de una zona apartada del país, llegase a las primeras planas de los principales diarios y estuviera presente por varias semanas en casi todos los medios”, señala el Observatorio[3]. Pero la principal novedad es que “los conflictos sociales vinculados a la minería se han convertido además en conflictos políticos de envergadura”. Hasta la agencia de calificación de inversiones Moody´s señaló que el modo como viene afrontando el gobierno el conflicto por Conga puede ser perjudicial para los intereses del sector minero.

Comprender la importancia de la lucha contra la minería supone abordar tres aspectos: la megaminería como una de las principales formas de acumulación del capital transnacional en Perú; la resistencia campesina de carácter comunitario y por lo tanto territorializada que conecta con cinco siglos de resistencia indígena; y los modos no centralizados de coordinación, o sea las nuevas culturas de acción política.

Perú en el ojo del colonialismo minero

En noviembre había 24 millones de hectáreas concesionadas a la minería, lo que representa un 19% de la superficie total del país. El área de las concesiones mineras afecta principalmente a las comunidades campesinas en la Sierra y Costa del centro y norte del país, donde casi la mitad de su territorio fue concedido a las mineras[4].

En efecto, el 49,6% de las tierras de las comunidades campesinas tienen concesiones mineras. Casi la mitad de la región hidrográfica del Pacífico (47%)  está concedida a la actividad minera, donde vive el 65% de la población que cuenta con apenas el 1,8 % del volumen de agua del país[5]. Por eso los argumentos oficiales de que la actividad minera beneficia al país son rechazados de plano por comuneros que sufren la pérdida de sus tierras y de su acceso al agua.

Un reciente informe del Metals Economic Group señala que la caída del mercado de acciones en el mundo favorece las inversiones en minería que crecieron 44% en 2010 y 50% en 2011, luego de una fuerte caída en 2009[6]. La región latinoamericana es el primer destino de las inversiones mineras, con el 25% del total, donde destacan Chile, Perú, Brasil, Colombia, México y Argentina. En 2003, apenas el 10% de la inversión minera mundial se dirigía hacia América Latina.

Perú es junto a Chile el primer destino de las inversiones mineras en la región. En 2010 la región latinoamericana proveía el 51% de la plata del mundo, la mitad del litio, el 45% del cobre, 27% del molibdeno, 25% del estaño, 23% del zinc y la bauxita, 19% del oro y 18% del hierro[7]. Hasta 2020 el sector minero recibirá 300 mil millones de dólares de inversiones.

Perú ha dado un salto significativo como receptor de inversión extranjera directa. En 2012 llegaron al país 11 mil millones de dólares, un aumento del 34% respecto a 2011, frente a un promedio de 1.600 millones entre 2000 y 2005[8]. El problema es que minería e hidrocarburos suman la mayor parte de las inversiones. Alrededor de dos tercios de esas inversiones fue al sector de recursos naturales y apenas el 8,7% a la industria manufacturera.

Este tipo de inversiones consolidan la dependencia de a la explotación y exportación de recursos naturales. El periodista peruano Raúl Wiener sostiene que el 30% de los ingresos fiscales de su país se originan en la minería y que “la única forma más o menos rápida de incrementar estos fondos en el corto plazo y poder llevar adelante los programas sociales que todo candidato promete para ganar las elecciones, es con más inversiones en minería, por lo que pelearse con este sector sería hacerse el harakiri”[9].

Perú se convirtió en el quinto país del mundo con mayor crecimiento de las exportaciones, que pasaron de 7,600 millones de dólares en 2002 a 45,700 millones en 2011. Alrededor del 60% son minerales y el 10% petróleo y gas, productos que se exportan sin procesar[10]. Es el mayor exportador latinoamericano de oro, cinc, plomo y estaño, el segundo productor de plata y de cobre. Según las proyecciones en los próximos años la tendencia de inversiones y exportaciones centradas en la minería se va a profundizar. Las concesiones mineras se duplicaron entre 2006 y 2010, según el Observatorio de Conflictos Mineros.

Resistencia en los Andes

Durante la segunda mitad de 2011 y buena parte de 2012 el principal conflicto minero y social del país se registró en la región de Cajamarca, al norte del país, por la masiva oposición de la población al proyecto de explotación de oro y plata Conga, de la minera Yanacocha, propiedad de la estadounidense Newmont Mining Corporation. La minera explota desde hace más de veinte años un yacimiento de oro a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Cajamarca a más de 3.400 metros de altura, siendo la segunda mayor mina de oro del mundo.

Durante los últimos años Yanacocha ha experimentado una caída en su producción debido al agotamiento de las reservas. De ahí que el proyecto Conga sea una alternativa para la empresa. Pero la población ya conoce a Yanacocha y se ha movilizado en defensa del agua desde hace varios años. El problema principal es que la actividad minera, que incluye el uso de cianuro y mercurio, afecta las lagunas de altura de las cuales se abastecen las comunidades campesinas y las ciudades.

En noviembre y diciembre de 2011 la resistencia de la población de Cajamarca[11] se zanjó con la declaración del estado de emergencia y la militarización de varias provincicas, a lo que siguió un recambio del gabinete con la salida de buena parte de los ministros más progresistas. En el distrito de Bambamarca, uno de los más afectados por Conga, la población impidió que los soldados pudieran hacer la ceremonia de saludo a la bandera y en Celendín, epicentro del conflicto, los soldados fueron expulsados de la plaza por la población[12]. Las rondas campesinas detuvieron soldados por intentar prostituir a menores.

En 2012 se registraron 167 conflictos activos: de ellos, 123 son conflictos denominados por la Defensoría de Pueblo como “socioambientales”, mientras sólo siete son “laborales”. Los campesinos se están quedando sin tierra y sin agua y reaccionan con toda la fuerza que tienen, movilizando sus comunidades. Una encuesta revela que en Cajamarca el 78% de la población se opone al proyecto Conga. Aunque el epicentro de las resistencias es Cajamarca, y más recientemente Kañaris (Lambayeque), los conflictos mineros abarcan todo el país.

Mirando la realidad más de cerca, se observa que la población ha puesto en juego una variedad de recursos asombrosa. Ha creado frentes de defensa provinciales y locales, ha realizado consultas municipales y provinciales, marchas, paros regionales y cortes de carreteras. Una de las actividades más importantes es la que realizan las rondas campesinas, organizaciones comunales de autodefensa nacidas en la década de 1970 en Cajamarca y Piura para combatir el robo de ganado[13].

Los ronderos de Cajamarca, Bambamarca y Celendín, las tres provincias más cercanas a la mina Conga, acamparon masivamente en los alrededores de las lagunas impactadas por el proyecto minero para hacer una labor de vigilancia e impedir cualquier trabajo de la empresa en la zona. La movilización comenzó en noviembre y se les denominó guardianes de las lagunas.

El campamento de Celendín fue destruido por las fuerzas policiales, por lo cual el Comando Unitario de Lucha de Cajamarca decidió “construir dos casas para las rondas campesinas en base a trabajo de minga para que los ronderos y visitantes puedan pernoctar y permanecer firmes en la lucha”[14].

Esta lucha por el control del territorio es respondida con la militarización de la región por parte del gobierno, mientras Yanacocha cierra los caminos a los campesinos. Las comunidades respondieron colocando carteles en todas las vías y en todos los caseríos que dicen: “Territorio rondero libre de minería”, seguido del nombre del lugar. Una práctica similar a la que realizan las bases zapatistas para reafirmar el control de sus espacios.

Los estados de excepción y la militarización de varias provincias se saldaron con 17 muertos entre diciembre de 2011 y setiembre de 2012 según la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH). Cinco comuneros fueron muertos en julio de 2012 en Celendín y Bambamarca, tres por el intento de erradicar la pequeña minería informal en Madre de Dios (frontera con Brasil y Bolivia), dos en Espinar (Cusco) resistiendo a la minera XStrata, uno enfrentando a la minera Barrick en Ancash.

El gobierno de Ollanta Humala aplica el Decreto 1095 emitido por el anterior gobierno de Alan García que autoriza la intervención de las fuerzas armadas en el control del orden interno y califica a los que protestan como “grupo hostil” mientras las violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas represivas son juzgadas en tribunales militares[15].

Nuevas formas de organización y acción

En los dos últimos meses apareció un nuevo conflicto en la norteña provincia de Lambayeque. Los campesinos expresan el conflicto de un modo muy sencillo que revela su visión del mundo: “El fundamento de nuestra resistencia indígena, es por la intromisión e invasión en nuestro territorio ancestral de la empresa Minera Candente Copper Corporatión-Cañariaco”[16].

Para reafirmarse ante la opinión pública realizaron una Consulta Comunal el 30 de septiembre en la que el 95% de la población se pronunció contra la minera. El 20 de enero realizaron un paro regional  y el 25 la policía hirió a 24 campesinos durante un boqueo de rutas para evitar que la canadiense Candente Copper siga adelante con su proyecto de explotar tres yacimientos de cobre.

Un párrafo del Manifiesto del 5 de febrero revela el abismo entre el Estado y las comunidades: “Exigimos como condición para el diálogo el retiro inmediato de las fuerzas policiales de nuestros territorios, puesto que de acuerdo a nuestro derecho consuetudinario la seguridad comunal está garantizada por las rondas campesinas y no hay necesidad de la presencia de gran contingente policial fuertemente armado en la zona”[17].

Y agregan: “Somos autoridades originarias, comunales y ronderiles que no estamos dispuestos a renunciar a nuestros principios y derechos como pueblos, a no permitir la subordinación al colonialismo que rompe la estructura genuina y natural de los pueblos originarios”.

Sin embargo, numerosos analistas y observadores consideran que en Perú no existen movimientos sociales y estiman que el movimiento contra la minería es fragmentado y que no se articula entre sí. El investigador y activista Raphael Hoetmer afirma: “Los movimientos del Perú no son centralizados y articulados en organizaciones representativas nacionales sólidas; más bien tienen un carácter fragmentado”[18].

En el mismo trabajo, en el que polemiza con quienes aseguran que no existen movimientos, constata “una situación donde los pueblos no requieren de las organizaciones nacionales para movilizarse, pero a la vez, hay dificultades para articular las distintas agendas locales entre sí y con las agendas nacionales”[19]. De hecho las grandes organizaciones no juegan ningún papel en la lucha contra la minería.

Luego señala que las luchas consiguen victorias pero éstas no se traducen en la creación de organizaciones potentes. “Hay grandes dificultades para convertir estas victorias en organizaciones más fuertes”[20]. En efecto, constata que existen grandes luchas que ya no son dirigidas por las poderosas organizaciones sociales de antaño, como la CGTP, la CCP o la más reciente CONACAMI[21].

En este punto es donde parece necesario cambiar la forma de mirar. Hugo Blanco, quien vivió el período de las grandes organizaciones desde la CCP y ahora acompaña los movimientos de Cajamarca, es muy claro. En su opinión se trata de coordinar las luchas y a la vez avanzar “hacia una democratización cada vez mayor del movimiento, en que sea la colectividad la que mande y no los dirigentes. No desviando su actividad central hacia campañas electorales”[22].

En pocas palabras aborda tres temas claves: coordinar las luchas sin crear aparatos burocráticos, que decida la gente (eso que los zapatistas llaman “mandar obedeciendo”), y evitar la tentación electoral que distorsiona las luchas al incrustarlas en la institucionalidad estatal. Aunque no lo dice, está hablando de una nueva cultura política. La vieja cultura ya mostró sus limitaciones.

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es.

Recursos

Raúl Zibechi, Entrevista a Hugo Blanco, Lima, 22 de febrero de 2013.

Central Única Nacional de Rondas Campesinas:  http://cunarcperu.org

Cooperaccionhttp://www.cooperaccion.org.pe/

Hugo Blanco, “Agua sí, Mina no”, Cusco, 2012.

Lucha Indígena, Cusco. Periódico mensual dirigido por Hugo Blanco.

Metals Economics Group, “Tendencias de la exploración mundial 2012”, Halifax, 2013.

Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú, “11º. Reporte Semestral”, Lima, diciembre 2012.

Raphael Hoetmer, “Los movimientos del Perú: Nueve hipótesis sobre conflicto y movimiento social, y una afirmación epistemológica”, en Crisis y movimientos sociales en Nuestra América, Programa Democracia y Transformación Global, Lima, 2012.

Servindi (comunicación intercultural): www.servindi.org

Estudio: Tipos de rondas campesinas en el Perú: http://cunarcperu.org/index.php?option=com_content&view=article&id=485:estudiio-tipos-de-rondas-campesinas-en-el-peru&catid=1:latest-news&Itemid=1

Alan Ele, “Mujer Invisible: Historia de una visita a la familia Chaupe, Celendín Libre blog, 


[1] Entrevista a Hugo Blanco.

[2] En particular pueden consultarse sus cinco novelas épicas sobre la lucha de los campesinos andinos por recuperar sus tierras: Redoble por Rancas (1970), Historia de Garabombo el Invisible (1972), El jinete insomne(1977), Cantar de Agapito Robles (1977) y

La tumba del relámpago (1979).

[3] Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú, ob cit, p. 28.

[4] Idem, p. 32.

[5] Idem, p. 30.

[6] Metals Economics Group, “Tendencias de la exploración mundial 2012”.

[7] Reuters, 16 de abril de 2012.

[8] Global Investment Trends Monitor, UNCTAD, No. 11, 23 de enero de 2013, p. 6.

[9] La Primera, 12 de abril de 2012.

[10] Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, “Resumen de Exportaciones 2011”, enhttp://www.mincetur.gob.pe/newweb/Portals/0/documentos/comercio/CuadrosResumen_Exportaciones_2011.pdf

[11] Cajamarca es un departamento, además es una de las doce provincias del departamento y es la ciudad capital departamental.

[12] Lucha Indígena, junio de 2012.

[13] Se estima que existen entre 200.000 y 250.000 ronderos en todo Perú agrupados en unos 8.000 comités de rondas. En Cajamarca, cuna de las rondas campesinas, se cuentan unos 100.000 ronderos activos. Verhttp://cunarcperu.org

[14] Comando Unitario de Lucha-Cajamarca, 1 de febrero de 2013.

[15] APRODEH, “Ni un muerto más”, folleto, Lima, setiembre de 2012.

[16] MANIFIESTO DE LAS COMUNIDADES Y RONDAS CAMPESINAS DE CAÑARIS, INCAWASI Y SALAS: PUEBLOS ORIGINARIOS EN DEFENSA DEL AGUA Y LA VIDA, 5 de febrero de 2013.

[17] Idem.

[18] Raphael Hoetmer, ob cit, p. 230.

[19] Idem.

[20] Idem, p. 236.

[21] Confederación General de Trabajadores del Perú, Confederación Campesina del Perú y Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería.

[22] Lucha Indígena, marzo de 2013, p. 8.

El territorio como espacio emancipatorio

Raúl Zibechi

La Jornada, 25/01/2013

Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominación y modificaron el escenario geopolítico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein (La Jornada, 12 de enero de 2013), será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas, las pequeñas mariposas capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por más masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prácticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

Hasta ahí, son temas que hemos venido debatiendo en los últimos años. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinación de fuerza bruta (militar y policial) con políticas sociales para combatir la pobreza es parte de esa estrategia de aniquilación.

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Perú, aunque está presente en casi todos los países.

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistiren las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los poros de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede mostrar. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivosalvando al pobre individualmente.

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrándose a sus territorios. Así derrotaron a los conquistadores españoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligió la República criolla en la guerra de exterminio conocida comoPacificación de la Araucanía en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las políticasantiterroristas de la democracia, debidamente condimentadas conpolíticas sociales para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

No es la excepción sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como representados, o sea como ausentes.

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad

Declaração pesquisadores mapuches

 

DECLARACIÓN PÚBLICA.
A raíz de los hechos ocurridos en el territorio mapuche de Vilcún, quienes suscribimos esta declaración, investigadores e investigadoras  mapuche, expresamos lo siguiente:
Creemos que las muertes en un conflicto son siempre lamentables. Refuerzan la intensidad de la violencia o la naturalizan como medio de abordaje de los problemas, contribuyen a la radicalización y polarización de las posiciones políticas e ideológicas o conllevan al desarrollo de actos irracionales.
Observamos con preocupación las señales emitidas por el gobierno, políticos y gremios empresariales y ciudadanos comunes, en cuyos juicios y opiniones aflora un racismo desde el cual se justifica la aplicación de legislaciones que vulneran los derechos humanos y legitiman e incentivan la violencia policial o paramilitar en contra de los mapuche. La convergencia que manifiestan sectores empresariales, latifundistas y el gobierno en asumir la represión como vía de tratamiento del conflicto no es otra cosa que la actualización de la violencia histórica cuyo origen se encuentra en  la imposición del Estado colonial chileno en nuestro territorio mapuche.
No nos extrañan las similitudes de estos discursos actuales con aquellos que circularon durante la invasión militar de nuestro territorio en el siglo XIX y que sindicaban a los mapuche como “rémoras del progreso”, “hordas de barbaros” y “raza inferior”. Aunque evidentemente en nuestros días este discurso se ha adaptado a los actuales tiempos del multiculturalismo neoliberal promoviendo imágenes de mapuche buenos y mapuche malos, de acuerdo a criterios convenientes a tales concepciones.
La intensidad del racismo manifestada en estos días nos lleva a preocuparnos sobremanera por la seguridad de cualquier peñi o lamgen mapuche que circule en este país. En particular, nos preocupa la seguridad de aquellas comunidades en procesos de recuperación y defensa territorial, de las mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas que pueden ser agredidos por fuerzas policiales o paramilitares. No quisiéramos que esta coyuntura sea la justificación para  el Estado chileno de sumar nuevas víctimas a los asesinatos contra mapuche, registrados en este largo conflicto, por eso hacemos hoy un llamado a evitar que este tipo de situaciones se produzcan en la actual coyuntura.
Creemos que ante el crudo escenario que está en desarrollo es importante que la sociedad chilena se manifieste por la vida de todas las personas, condene el racismo estatal, empresarial, latifundista y paramilitar. Es necesario llamar a políticos y gobierno a medir sus dichos, a pronunciarse responsablemente, a contribuir en la construcción de un clima de paz, a mostrar generosidad y voluntad política para crear espacios de entendimiento.
Nuestro deber como mapuche es seguir presente ya sea en opiniones y en propuestas que ayuden a sobrepasar esta crisis y no agudizarla. No queremos más muertos mapuche ni chilenos. Queremos justicia en un amplio sentido. Aspiramos a la justicia social, a sociedades justas, a sociedades que tengan formas de comprensión donde todos puedan desarrollarse como personas bajo su propia concepción cultural. Necesitamos mecanismos políticos donde los mapuche podamos ejercer los principios básicos que tienen los pueblos, respetando nuestros derechos y nuestros territorios.
El poder judicial debe ejercer justicia y no el revanchismo, justicia y no racismo, justicia y no castigos desproporcionados, justicia y no montajes. Queremos el esclarecimiento de los hechos, pero también la comprensión de los trasfondos históricos que subyacen a las contradicciones y los conflictos presentes. La violencia no es nunca un fenómeno gratuito, la violencia ha sido y sigue siendo, el eje articulador de las relaciones coloniales que atan a nuestro pueblo al Estado.
Valoramos todas las manifestaciones de quienes rompen los caminos del racismo, en el convencimiento que sólo la articulación, la solidaridad y el respeto entre pueblos permite el verdadero encuentro de los seres humanos.
Firman:
·        Héctor Nahuelpán Moreno, Historiador, Doctor © en Antropología.
·        Fernando Pairican, Magíster (c) en Historia de América, USACH.
·        Susana Huenul Colicoy, Magister en Antropología.
·        Pablo Mariman Quemenado, Historiador, Doctor © en Historia mención Etnohistoria. U. De Chile.
·        Sergio Caniuqueo Huircapan,  Magíster © en Estudios Latinoamericanos.
·        Enrique Antileo Baeza, Magíster © en Estudios Latinoamericanos
·        Felipe Curivil Bravo, Investigador. Profesor de Historia y Cs Sociales.
·        José Ancan, Máster en Antropología (UAB, Catalunya), Dr, (c) en Estudios Latinoamericanos, U. de Chile.
·        Pedro Cayuqueo, Periodista, Director de los diarios Azkintuwe y MapucheTimes.
·        Maribel Mora Curriao, Poeta, Doctora © en Estudios Americanos, USACH.
·        José Marimán Quemenado, Dr. cientista político.
·        Sigrid Huenchuñir, Psicóloga, Máster en Políticas Públicas.
·        Margarita Ortiz Caripán, Periodista, Maestra (c) en Estudios Latinoamericanos UNAM.
·        Felipe Andrés Curin Gutiérrez, sociólogo.
·        Luis Cárcamo-Huechante, Profesor Asociado, Universidad de Texas en Austin, EE. UU.
·        Fresia Curihual Garrido, Periodista, Licenciada en Comunicación Social.
·        Cesar Chávez Avello, Músico, Ingeniero de Desarrollo WEB
·        José Purralef, Profesor de Historia y Doctor Ó Educación.
·        Hernán Curiñir Lincoqueo, Historiador Mapuche.
·        Karla Palma Millanao, Periodista, Estudiante de Doctorado en
Comunicación y Medios, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign,E.E.U.U.
·        Luis Bertoglia Huenchullán, psicólogo e investigador de la consultora Asesorías para el Desarrollo.
·        Paula Alonqueo Boudon, Psicóloga, Doctora en Psicología.
·        Herson Huinca-Piutrin, Historiador, Magíster en Historia Moderna y Contemporánea, Ecole Normale Supérieure, Francia.
·        Claudio Alvarado Lincopi .Licenciado en Historia.
·        Julio Nelson Marileo Calfuqueo. Magister(c)  en Educacion mencion curriculum y comunidad Educativa. U.de Chile.
·        Ninette Sepulveda Alecoi. Trabajadora Social. Magister Estudios Sociales y políticas latinoamericanos.
·        Carlos Contreras Painemal, Antropólogo, Universidad Libre Berlín y Universidad de Lodz
·        Andrés Cuyul Soto, Magister en Salud Pública y Doctorando en Salud Colectiva
·        Gabriela Curinao, Trabajadora Social, Universidad Humanismo Cristiano.
·        Marjorie Huaiqui Hernández. Profesora de Historia y Geografía.
·        Rodrigo Levil, Sociólogo.
·        Sergio Millaman. Miembro del Colectivo Editorial Mapuexpress.
·        Pablo Millalen Lepin, Trabajador Social, Magíster (c) Gerencia y Políticas Públicas
·        Carlos Aguilera Nahuelpi, Ingeniero Comercial, Magister (c) Gerencia y Políticas Públicas

Carta aberta da AGB – Curitiba, gestão Sobre Cores, Calendários e Geografias a tod@s seus/suas associad@s

(Divulgamos a situação em que se encontra a AGB-Curitiba, para conhecimento da comunidade geográfica e simpatizantes)

Curitiba, 20 de setembro de 2012.

Como é de conhecimento geral, nos dias 27 e 28 de junho de 2012 ocorreram as eleições para a nova diretoria da seção local Curitiba da Associação dos Geógrafos Brasileiros (AGB), aonde foi eleita para a gestão 2012-2014 a chapaSobre Cores, Calendários e Geografias, sendo o diretor presidente Gustavo Felipe Olesko e o diretor vice presidente Otávio Gomes Rocha; Angelo Menegatti o 1° tesoureiro e Luis Felipe Castro Henning o 2º tesoureiro; Michelle Correa da Silva a 1ª secretária e Mara Oliveira a 2ª secretária;  e o coordenador de publicações Jorge Montenegro.

Queremos uma AGB-Curitiba participativa e que debata o que nos interessa como geógrafos e como professores de geografia. Uma AGB que retome a organização de atividades, a publicação de reflexões sobre os temas que nos preocupam e a articulação com outras AGB’s do país e com movimentos sociais através dos grupos de trabalho.

Contudo, diversos problemas se deram no processo das eleições, problemas que nem relataremos neste momento, para não tirar o foco daquilo que queremos tornar público: os obstáculos que ainda estão presentes no dia-a-dia da gestão atual.

Os problemas, infelizmente, são diversos, logo, vamos por partes:

1)    O principal é que passados quase três meses das eleições, ainda não somos, de forma efetiva e legalmente, gestão. A gestão anterior (diretor presidente Paulo César Medeiros e diretora vice-presidente Janaína de Fátima Chudzik) repassou de forma incompleta os documentos necessários para a efetiva atuação da gestão. Isso implica que ainda não temos o controle efetivo da AGB – Curitiba.

2)    Associado a essa situação, resulta que não temos controle da conta corrente. Ou seja, três meses depois, não sabemos quanto se tem em caixa, não nos foi repassada a prestação de contas e não temos acesso à conta de modo algum.

3)    Como estamos nessa situação indefinida desde o ponto de vista da burocracia, nossa situação no CREA também se complicou. Em virtude de um convênio assinado com o CREA, para poder receber recursos referentes às Anotações de Responsabilidade Técnica da área de Geografia (o que resulta em uma quantia reduzida por ano), a obrigação da AGB é de prestar contas desse recurso mensalmente desde início de 2012. No entanto, a gestão anterior não prestou contas ao CREA e, por essa situação indefinida, como nova gestão, também não conseguimos fazer essa prestação.

Apesar da gestão atual ter solicitado em múltiplas ocasiões à diretoria da última gestão a transferência da documentação necessária para que a AGB – Seção Curitiba possa exercer suas funções, infelizmente, não conseguimos sua colaboração para resolver esses entraves. Foram muitos telefonemas e e-mails não respondidos, muitas solicitações não atendidas ou sempre adiadas. A questão é que até agora não conseguimos descobrir qual a real situação legal e financeira da instituição local. É tudo uma inquietante surpresa.

Essa é a situação atual. Pensamos que é de suma importância que todos conheçam os problemas que enfrenta nossa gestão. Essa falta de poder de decisão que nos foi imposta, responde à indefinição burocrática que a anterior gestão não colabora em resolver.

Contudo, esta carta não é só um grito de impotência, tem a intenção de ser um instrumento de comunicação com os associados e uma chamada de atenção para todos, no intuito de destravar a situação e colocar a AGB-Curitiba para caminhar, e assim percorrer juntos outras cores, calendários e geografias.

Atenciosamente,

AGB – Curitiba, Gestão Sobre Cores, Calendários e Geografias

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O “agrobanditismo” e as disputas territoriais em Mato Grosso do Sul

Márcia Yukari Mizusaki
Bem apropriado é o termo dado pelo geógrafo da USP, Ariovaldo Umbelino de Oliveira, aos mecanismos utilizados por determinados agentes ligados ao campo para reafirmarem o seu poder de mando no país: agrobanditismo. Não há nome mais apropriado para qualificar os inúmeros assassinatos e violências a que têm sido acometidos os povos indígenas de Mato Grosso do Sul, em especial os Guarani-kaiowá, praticados por pistoleiros e contando com o silêncio e a conivência de muitos, na questão da demarcação das terras indígenas. Em 2010, segundo dados registrados pelo CIMI, das 1.015 lesões corporais sofridas pelos povos indígenas no Brasil, 1.004 aconteceram no Mato Grosso do Sul. Das 152 ameaças de morte, 150 aconteceram no Mato Grosso do Sul. Dos 60 assassinatos, 34 no Mato Grosso do Sul. Para o ano de 2011, farão parte dessa escandalosa estatística, Teodoro Ricardi (primo dos professores indígenas assassinados em 2009), o cacique Nísio Gomes, dentre tantos outros. Apesar desses números, não é demais lembrar que esse estado não é o que possui a maior população indígena do país. Mais do que simples números, esses dados revelam a face perversa da questão agrária em Mato Grosso do Sul, onde o negócio da terra é mais importante do que a vida de seres humanos.

O assassinato, a violência e a intimidação de indígenas que lutam pela recuperação de seus territórios é situação conivente para todos aqueles que são afetados pela questão da demarcação de terras indígenas. É justamente por isso que a questão agrária coloca as pessoas em lados opostos. Terra é meio de produção e de reprodução da vida. Apropriar-se dela, na sociedade capitalista, significa ter o controle sobre um meio de reprodução da vida. Estando nas mãos de poucos, como no caso brasileiro, significa que a maioria, dela está expropriada. Na sociedade capitalista, a terra virou mercadoria, fonte de lucro, renda e poder, o que vem motivando o assassinato e a violência contra aqueles que buscam (re)territorializar outros modos de vida, outras formas de se relacionar com a natureza. Por trás dos pistoleiros existem os mandantes (quase sempre impunes pelos crimes que cometeram), os coniventes e todos aqueles cujos interesses, são afetados com o movimento de luta dos indígenas pela recuperação de seus territórios. Não o fosse, a questão indígena não teria chegado nos níveis em que chegou. Ao confrontarem-se as diferentes formas de apropriação do território, elas se tensionam e acirram as disputas territoriais. Os Guarani acampam, para reivindicar suas terras tradicionais. Em reação, recebem “bala”, são barbaramente assassinados. Por trás dessas diferentes relações, encontram-se diferentes concepções de propriedade, de sociedade, de natureza. Terra para o índio é um bem sagrado e não um negócio.

No contexto dessas diferentes formas de apropriação do território há que se acrescentar que parte das terras de Mato Grosso do Sul foram apropriadas historicamente por caminhos tortuosos e práticas ilegais, o que resulta, ainda na atualidade, na presença de 5,3 milhões de hectares de terra devoluta, segundo Ariovaldo, que o afirma com base em dados de 2003 do INCRA. Muito provavelmente existem terras tradicionais indígenas nessas áreas. E por que o Estado não desapropria essas terras? Algo precisa ser feito. Faço aqui uma provocação. O poder público, nas suas várias instâncias, todos os parlamentares e fazendeiros que se considerem honestos e do bem (e que não concordam com tais práticas), enfim, toda a sociedade, poderiam começar um movimento de luta para que as terras devolutas sejam desapropriadas e entregues para fins de demarcação de terras indígenas ou reforma agrária, pois a vida, não pode ser tratada como se fosse uma coisa apenas, uma mercadoria, que se compra, que se vende ou se descarta. A gravidade da situação pede uma atitude.

Ressalte-se ainda, que esse debate não pode ser feito sem estar atrelado a uma outra face desse processo: a questão da soberania alimentar (já que a terra está sendo tomada pelo monocultivo). Certamente, que 5,3 milhões de hectares destinados a produzir alimentos (diga-se, arroz, feijão, legumes e verduras, frutas etc.) e à demarcação de terras indígenas, seriam um bom começo para reduzirmos os problemas que envolvem os conflitos e a violência, não somente no campo, mas na cidade também.

Enquanto isso vemos o setor sucroalcooleiro brigando na justiça para conseguir a liberação da queima da palha da cana (prática comprovadamente tida como prejudicial à saúde e que o setor insiste em legitimá-la no Estado); vemos a prefeitura de Dourados, liberando 30 mil reais para evento do setor sucroalcooleiro (CANASUL). É incrível como para o agro-negócio sempre tem dinheiro (sem entrar na questão dos bilhões liberados pelo BNDES). E a questão indígena? Sempre tratada como um problema menor, diante da lucratividade, produtividade, rentabilidade que o setor promete, apesar de não bebermos etanol e apesar de o preço do álcool estar nas alturas.

O assassinato do cacique Nísio Ramos é assim, parte constitutiva e inter-relacionada desse modelo de sociedade e de desenvolvimento que perpassa o país e o Estado de Mato Grosso do Sul, em particular. É esse modelo insustentável de desenvolvimento, que precisa de terras para o monocultivo, terras como reserva de valor, terras para apropriação da sua riqueza, água para aumentar produção de energia, que não quer terras para os índios, pois terra, como bem sagrado, atrapalha esse modelo de desenvolvimento.

Finalizo esse pequeno texto, às 00 horas e 45 minutos do dia 22 de novembro, cansada, mas movida pela necessidade de repudiar mais esse ato de violência contra esse povo. Precisamos cuidar do ambiente inteiro e não apenas de uma árvore. Também fazemos parte da natureza.

Márcia Yukari Mizusaki é professora dos cursos de graduação e mestrado em Geografia da UFGD.

E-mail:marciamizusaki@ufgd.edu.br.