Caminar juntos

Gustavo Esteva La Jornada 30 de março de 2015esteva en el tejado

Se rompen, poco a poco, las rejas de la prisión en que vivimos. No se rompen solas. Las desgarramos cotidianamente a medida que enfrentamos el horror con coraje e imaginación.

Están pasando cosas que no pasaban. O que pasaban en otra escala o condiciones. El domingo 22 de marzo tuvo lugar en Berea, Kentucky, Estados Unidos, en una pequeña universidad en que nadie paga colegiatura, un concierto de danza muy especial. Estaba dedicado a Ayotzinapa. En el programa del concierto el grupo de danza señaló con claridad su compromiso: Debemos unirnos a ellos y dedicarnos a luchar por todo lo que afecta a la gente en un mundo con demasiado temor, opresión y violencia. Después de tres danzas muy interesantes, la principal se llamó Los más fuertes tienen esperanza. Este número espléndido fue seguido por otros que coronaron el concierto: Un lugar que llames tuyo y ¡Caminar el camino, platicar la plática! A unos kilómetros de ahí, en otro tipo de concierto, en medio de intensas conversaciones, un cantante local interpretó Todavía cantamos, de Víctor Heredia, la canción que se atribuyó a Mercedes Sosa por lo mucho que la cantaba. Todos los presentes cantaron en español el coro, tras cada una de las estrofas: Todavía cantamos / todavía pedimos / todavía soñamos / todavía esperamos. Oímos atentamente las estrofas, que parecen dedicadas a nuestros 43. “A pesar de los golpes / que asestó a nuestras vidas / el ingenio del odio / desterrando al olvido / a nuestros seres queridos. Que nos digan adonde / han escondido las flores / que aromaron las calles / persiguiendo un destino / ¿dónde, dónde se han ido? Que nos den la esperanza / de saber que es posible / que el jardín se ilumine / con la risa y el canto / de los que amamos tanto. Por un mundo distinto / sin apremio ni ayuno / sin temor y sin llanto / porque vuelvan al nido / nuestros seres queridos…” En el centro de Estados Unidos volví a encontrar la camiseta que hace unas semanas me dieron en San Diego, la que dice: Ayotzinapa, Ferguson, Palestina. Nos quitaron tanto que hasta el miedo nos ­quitaron. Y los familiares de Ayotzinapa se sorprenden del recibimiento que tuvieron en Nueva York… o en Ginebra… o en cada uno de los puntos de su largo peregrinar. Tiene razón Ángeles Eraña: no podrán desaparecer a los ­desaparecidos. Es una lucha en que se manifiesta claramente lo que hemos aprendido en el camino. Para muestra basta un botón. La Comisión Provisional Organizadora para la Compartición de la Sexta en el Valle de México está invitando a los talleres que tendrán lugar el 10, 11 y 12 de abril en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su propósito es claro y simple: “Esta compartición es concebida como un espacio en el que podemos empezar a responder la pregunta ¿qué sigue? Para eso y para hacer crecer nuestra lucha pensamos que es fundamental conocernos, reconocernos, saber cómo estamos luchando y resistiendo las cuatro ruedas del capitalismo. A partir de esta compartición podemos empezar a mirar cómo hacer para trabajar junt@s como compañer@s que somos adherentes de la sexta y la Escuela Zapatista”.

¿Cuáles son, de dónde vienen, estos vientos frescos que recorren el planeta? Con el ánimo en alto, lúcida la conciencia, todas las formas caminan. Está la reflexión que incluye serena autocrítica, sin golpes de pecho. Está la exploración sensata de los caminos. Hay creatividad juvenil y sentido artístico. Circulan las luchas en que estamos empeñados y en cada momento de encuentro hay renovación y nuevo impulso. En esa condición, bien pertrechados, llegaremos al primero de mayo. Habrá que ir, ante todo, al doble homenaje en que celebraremos al subcomandante Galeano y a don Luis Villoro. Estaremos recordando cómo resucitaron clínica y escuela de La Realidad, con la fuerza solidaria que despertó un hombre extraordinario que muchos sólo pudimos empezar a admirar a raíz de su muerte física. Recordaremos tanto a la persona como a las ideas de don Luis, su inmensa alegría vital que hizo siempre de su risa un episodio colectivo, su serena apertura filosófica para aprender a hospedar la otredad del otro, de la otra… Lo recordaremos sentado, con enorme concentración, en la mesa principal de las negociaciones en San Andrés. Recordar a los dos, juntos, será recordar-nos, volver a descubrir quiénes somos y por qué lo somos. Y luego repasaremos en San Cristóbal El pensamiento crítico ante la hidra capitalista. Se trata de que aprendamos entre todas y todos cómo está la resistencia, contra qué resistimos, cuáles son los nuevos modos y maneras que está adoptando lo que nos acosa. Se trata de moldear la inteligencia colectiva de un momento complejo, cuando se retoman formas antiguas de despojo para renovarlo agresivamente, las cuales exigen nuevas formas de resistencia, imaginación y coraje.

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